Proyecto Campus Lo Contador, Mayo 2015


Camila Medina N. para LOFscapes

El pasado 8 de mayo se recibieron las propuestas para el concurso Proyecto Campus Lo Contador. Aquí propongo abordar la idea de plan maestro desde ideas formales expresadas en el texto Del objeto al Campo, donde las partes de un todo subyacen e interactúan a través de las relaciones establecidas entre ellas abandonando la idea del objeto, por la noción de campo.


Si bien esta era una columna sobre el concurso Proyecto Campus Lo Contador, en donde se plantearía ideas sobre el carácter de la propuesta ganadora, en vista de que el día 25 de mayo no se dieron los resultados, habiendo leído las bases 1 y las preguntas y respuestas del concurso, decidí en vez abordar la convergencia de la idea de Campus y la de Plan desde la pérdida de la importancia del objeto arquitectónico y la revaloración de aquello intangible que hace que el sitio sea una “unidad.”

No, no voy a hablar de los jardines. Sí lo haré, pero no será el objeto de este escrito. 

El pasado 8 de mayo se recibieron las propuestas. Las bases del concurso estipularon, cuan buen cliente, no sólo usos e información sobre necesidades de infraestructura y comportamiento, sino a su vez exigieron ubicación de ciertos programas específicos en edificios de emplazamiento determinado, valorando ciertos caracteres formales como el vacío central. Si bien los antecedentes ofrecidos por las bases en cuanto a cabida y normativa otorgaron un tono de realidad a la propuesta, el concurso, por su baja convocatoria expresa un desequilibrio entre cantidad de trabajo, posibilidades creativas y monto del premio ganador. En tal sentido, la falta de flexibilidad o múltiples e indirectas sugerencias formales, es posible que hayan transformado al concurso en un encargo de un cliente con muchas ideas respecto al resultado.

Independiente de lo anterior,  es interesante discutir sobre la noción de plan de desarrollo o plan maestro desde su definición. Las bases proponen al sitio desde una lectura sencilla, determinando aquellos edificios existentes y las posibles áreas a “liberar,” describiendo la cabida en base a restricciones normativas, como áreas vacías entre objetos erigidos como permanentes. 

Sin embargo y entendiendo que lo propuesto en las bases es una manera técnica de presentar el problema, propongo abordar la idea de plan maestro desde ideas formales expresadas por el arquitecto del paisaje Stan Allen, específicamente  en base a aquella noción que expone en su texto titulado Del objeto al Campo, en donde las partes de un todo subyacen e interactúan a través de las relaciones establecidas entre ellas abandonando la idea del objeto, por la noción de campo. Un ejemplo que el mismo Allen propone para entender la condición de Campo, es la bandada. La bandada en este caso será el Campus. Cada pájaro de la bandada, en su individualidad y carácter de ente único, no es en sí la bandada, ni la determina de manera especial, sino son las reglas internas de comportamiento las que arman la forma informe del conjunto de aves. En palabras de Stan Allen: “El campo es una condición material, no es una metáfora. Las condiciones de campo tienen que ver con la organización, con la materia y fabricación […] al permanecer atentos a las condiciones de detalle que determinan la conexión de una parte con la otra […] se hace posible imaginar  una arquitectura que puede responder fluida y sensiblemente a la diferencia interna, al tiempo que mantiene la estabilidad global.”2 Esto se contrapone a la presentación del concurso, en donde la concepción tradicional de la organización de un sitio desde la disposición de volúmenes de valor único y programa específico se coordina con un vacío que surge entre sus partes. Y por lo contrario, así, entender el campus como un campo, implica abordar su fragmentación no jerárquica desde una perspectiva positiva o más bien propia, en donde aquello que es parte del carácter de nuestra casa de estudios responden a las tensiones históricas, climáticas, urbanas, territoriales, programáticas y dinámicas que están presentes y han prevalecido a los diversos cambios y nuevas construcciones.

Una pregunta válida entonces se refiere a distinguir aquellas reglas internas que enriquecen al campus como campo. Es evidente que las respuestas pueden ser múltiples y variadas, por lo cual pretendo plantear una que considero es de las más importantes, un aspecto que es característico y propio de la arquitectura colonial que siempre ha determinado a Lo Contador: los umbrales. Estos, como espacios de transición, son el hilativo entre la planta continua al suelo y los jardines y patios acotados, son corredores que representan espacios intermedios, zaguanes, pérgolas, parras, superposiciones vegetales de jardines con la forestación del Cerro San Cristóbal, la sombra abierta del subsuelo, entre muchos más.

En base a lo expresado, y si lo que aquí se plantea hace algún sentido, es válido preguntarse ¿Cómo sería un campus con mayor densidad de construcciones y dinámicas, cuya unidad esté establecida por organizaciones espaciales no jerárquicas modificadas por condiciones de transición? ¿Cómo se plantea un plan maestro flexible en donde la relación entre las partes esté determinada por la continuidad entre jardines, patios, talleres y territorio? ¿Considerará la propuesta ganadora alguno de los temas aquí planteados? Para la publicación de esta columna, al menos la última pregunta ya tendrá respuesta.


  1. Proyecto Campus lo Contador, Pontificia Universidad Católica de Chile, DESE (2015) ↩︎
  2. Stan Allen, “Del Objeto al Campo: Condiciones de Campo en la Arquitectura y el Urbanismo” En Naturaleza y Artificio: El Ideal Pintoresco en la Arquitectura y el Paisajismo Contemporáneos” (ed.. ÁBALOS, Iñaki) Gustavo Gili, Barcelona, 2009 p.158 ↩︎

(1) Iannis Xenakis. Study for Terretektorh (distribution of musicians). 1965 Diagram for an 88-member orchestra scattered among its audience.<http://www.bangthebore.org/borum/discussion/1077/iannis-xenakis-thread/p1>

(2) En Lo Contador: casas, jardines y campus, p.92 © Sergio Larraín

(3) En Lo Contador: casas, jardines y campus, p.93 © Sergio Larraín